FALLECIÓ LUIS CANTO BRAVO, CONSEJERO METROPOLITANO DEL COLEGIO DE PERIODISTAS
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En  la mañana del sábado 1 de agosto de 2015, en su casa habitación falleció el consejero metropolitano del Colegio de Periodistas de Chile, Luis Canto Bravo. Sus  funerales se realizaron el domingo 2 de agosto en el Cementerio Metropolitano.

El siguiente es el texto de la entrevista que Luis Canto concediera el 16 de julio de 2015 al estudiante de 2° año de Periodismo de la Universidad Diego Portales, Luis Márquez.

 

MORIR CON LAS BOTAS PUESTAS

Desde sus inicios en la actividad como dirigente estudiantil de la Democracia Cristiana en los ‘70, hasta hoy con su lugar en el Colegio Metropolitano. Luis, ha llevado su vida siempre ligada a la actividad política, los ideales y la necesidad de servir a los demás.

Por Luis Márquez

Calle San Nicolás esquina Benozzo Bozzoli, comuna de San Joaquín. “Pura calidáh’ casera”, “¡lleve la papa, están güeñah’ lah papa!”. Es lo que se escucha en esta transitada intersección producto de su feria. Frente al almacén “Donde Roberto” y apoyado en su bastón ortopédico, Luis Canto Bravo observa el paisaje que lo acompaña desde hace más de 30 años.

“Caminemos, mi casa es un poco más allá”, es lo primero que dice luego de tomar un respiro. “Perdona mi demora, he estado en cama hace una semana, estoy un poco enfermo”, comenta mientras saluda a su vecina que lo rebasa por el costado.

Con 55 años, actualmente se desempeña como Consejero del Colegio Metropolitano de Periodistas. “Llegué porque soy bastante inquieto en temas de organización”. Sin embargo, cuenta que uno de los primeros factores que lo impulsaron a participar en él, fue que “me daba vergüenza ver cómo se manejaban (y manejan) los medios. Además, pensé que desde aquí se podía influir en el pensamiento de los futuros periodistas”, dice mientras abre el portón de su casa.

Se sienta en una esquina del patio, con mesas y sillas de jardín para cuatro personas y media carrocería de un BMW que sirve como ornamento en medio de diversas plantas. Apoya su bastón y dispara: “bueno, ¿para qué soy bueno?”

Como agua y aceite                                        

La vida de Luis ha sido activa políticamente desde su juventud. “Fui estudiante y dirigente de la Democracia Cristiana. Tuve el honor y la suerte de organizar las protestas en contra de Pinochet el año ‘84”. A su vez, cuenta mientras toma una bocanada de aire, que fue “organizador y coordinador del movimiento del ‘G80’”.

Por esos años la vida de Luis Canto se vivía de ciudad en ciudad. “Recorrí el país entero a dedo, anduve hasta en burro. Por ejemplo, en Valdivia, me reuní con Schwencke y Nilo, todo eso haciendo la labor de misionero”.

Para este periodista titulado de la Universidad UNIACC en el año 2005, el amor por la democracia y la libertad nace “porque tenía la necesidad de ayudar a mi país, pero de una forma distinta, que no fuera la lucha armada. Desde chico fui estudioso, leía mucho, investigaba mucho. Después, con Soledad Alvear teníamos un taller en donde ella nos hacía leer un libro a la semana, en ese momento conocí a Ghandi y Luther King”.

Antes, mientras estudiaba Teología en la Universidad Católica, “durante el primer y segundo año no existía, para ellos yo entré en tercero”. Agrega que este caso se repitió, también, cuando estudiaba Pedagogía Básica en Historia y Geografía en la Universidad de Tarapacá. “Cuando terminé y fui a buscar mi título, no existía, no registraba en la universidad”. El motivo: “ser un dirigente medianamente conocido, ubicable para los ‘milicos’”.

Durante sus años de estudiante universitario, y ejerciendo su labor dirigencial dentro de los movimientos sociales, cuenta que siempre tuvo una camioneta de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) en la esquina de su casa vigilándolo. “Fui perseguido, me fui preso. Viví de una forma muy irresponsable, porque ninguno de los que éramos jóvenes, y estábamos en eso, asimilábamos en qué nos habíamos metido”. Agrega que “si un compañero desaparecía, lo hacía para siempre”.

Posterior a su período universitario, mantuvo el rol participativo y preponderante dentro del partido político que le dio sus armas en la lucha por la democracia, la DC. Es en estos años, en la década de los 80, cuando “inventamos los procesos de anticipación democrática. Mandábamos cartas a todos nuestros contactos a lo largo de Chile para juntarnos a realizar jornadas de participación y juegos, siempre vinculados a la actividad política”. Mientras toma su bastón apoyado en la mesa del jardín, agrega que “jamás esperábamos a muchos asistentes, sin embargo, a estas sesiones llegaban unos 500 huevones. Nos reuníamos en el campo a hacer capacitación política”. Es así como Luis explica a los procesos de anticipación. “A los cabros que llegaban les hacíamos juegos, como si fueran parte de un sistema social complejo, unos eran los del sindicato, otros de los partidos, y así les enseñábamos oratoria y a hacer y ser políticos”. Hace una pausa, mira hacia el cielo, como buscando recuerdos y toma aire, “en ese momento, capacitamos a gran parte de los políticos que nos sucedieron, los del G80, René Cortázar, Álvaro García, y otros nombres que no me acuerdo ahora. Ellos fueron nuestros alumnos”.

Dice que para los militares que estaban en el poder por esos años, “nosotros éramos más peligrosos que los cabros que hacían barricadas, porque nosotros hicimos lo que nadie podía. Hacíamos política”.

Recuerda a modo de anécdota que el padre Ubaldo Santi y el cardenal Raúl Silva Henríquez, “se pegaban sendos piques a hacer clases y a llevarnos comida y cosas necesarias para hacer nuestros procesos. Eduardo Frei, Radomiro Tomic y todos los otros dirigentes no iban a los salones, iban a los cerros, al campo, con nosotros”.

Pero a pesar de mantenerse alejados de las urbes en sus actividades políticas, los asistentes a estas reuniones nunca estaban fuera de peligro, es así como lo cuenta el periodista y profesor: “nos tomaban fotos aéreas y después de eso nos buscaban”.

Uno de los incidentes que Luis recuerda de forma detallada fue posterior a la muerte del líder sindicalista Tucapel Jiménez: “cuando Tucapel murió, nos mandaron una foto que nos habíamos tomado unos 20 dirigentes, con los brazos entrelazados pidiendo el regreso de los exiliados políticos, a cada uno de los que en ella participamos. La foto, que era de parte de los ‘milicos’, venía con todas las cabezas cortadas”, dice. También recuerda que en ese momento sólo le quedó escapar por un tiempo.

Otro de los incidentes que recuerda, es la muerte de su amigo, el dirigente estudiantil Mario Martínez. “A mí me tocó reconocer el cadáver de Mario, ¿sabes lo difícil que fue reconocer el cuerpo de tu amigo sin párpados, sin labios, sin ojos, porque se los comieron los pescados?”, mientras sube el tono de su voz y prosigue, “me tuve que quedar toda la noche en la morgue, solo, para que no se robaran el cuerpo o cambiaran el cadáver. Lo acompañé hasta la carroza”, guarda silencio y vuelve a tomar una bocanada de aire.

Chile, la alegría ya viene

Es el año 1988, las presiones, tanto internas como externas, hacen que el dictador Augusto Pinochet llame al país a participar en un plebiscito, el cual determinaría su continuidad al mando del país por un período de ocho años más o dimitir del cargo, y dar paso a elecciones presidenciales para el año siguiente.

En ese contexto, Luis Canto,  habla acerca del rol que tuvo en el monitoreo de la votación.

“Cuando estábamos en el día de la elección, hicimos dos tipos de enlaces para llevar el conteo de votos paralelo. El primero: ‘la bicicleta’. En cada colegio, en mi caso del sector sur de Santiago, andaba un grupo en bicicleta, mesa por mesa, recolectando información sobre los votos, los que se traían a la casa de seguridad del comando del ´NO’ en el sector; casa que estaba ubicada en el sector más pirulo de San Joaquín, El Llano. Era de las casas más lujosas que habían por ahí, también le pusimos los mejores autos. Aquí es donde está el segundo tipo de enlace”, su voz agitada hace una pausa para retomar el relato: “cuando nos entregaban todo, partíamos al centro con los autos que nos pasaban los viejos más pitucos del partido. Te hablo de BMW, Cadillac o Mercedes Benz. Ya en el centro, en la esquina siguiente del edificio Diego Portales, donde estaba la Junta, se ubicaba la casa del ‘NO’”. Cuenta que ningún militar los detenía “porque ellos estaban acostumbrados a ser yes man, y si nos veían en un Mercedes, no distinguían si era un mirista o un huevón cualquiera”.

Cuando ya la información se hacía inevitablemente oficial, y el triunfo del ‘NO’ era inminente, relata Canto, entre risas, que no creían lo que habían hecho, “y en sus propias barbas”, al mismo tiempo ríe con mayor fuerza. “Al momento que empezó el conteo de votos, rezábamos, no nos quedaba otra”,  y agrega que “allí hubo una maniobra nuestra que impidió el fraude, y Pinocho, estaba dispuesto para el fraude”.

La alegría llegó

Luis Canto comenta que con el retorno de la democracia y el paso de los años ha descubierto cosas que antes le eran invisibles, como el mundo del comunismo. “No tengo nada que ver con ellos, pero me he dado cuenta que en el pasado participé en todo con ellos, porque en ese tiempo todo iba más allá de las ideologías que uno tuviera”.

“Siempre fui un romántico” dice con voz carrasposa, “soy de los pocos que se creyó el cuento de que la política y el dinero no se mezclan” dice con ironía, “siempre he vivido aquí, pude irme al barrio alto y todo eso, pero no lo hice por lo mismo, soy un romántico. Vivir aquí me da un criterio de realidad, sé cuánto vale el pasaje de micro o cuánto cuesta el kilo de pan, no necesito ir al INE para saber sobre la pobreza, me llueven las balas de los narcos, trabajo con gente de La Legua, La Victoria, El Castillo”, por ello es que señala: “esto me sirve para cuando hago una que otra asesoría para algún político, tengo criterio”.

En ese momento, la puerta del portón de su casa se abre y aparecen una pequeña niña, Matilde, y su padre, Felipe, quien es amigo de Luis y vive con él en su casa de San Joaquín. “Ella es la luz que ilumina esta casa”, dice mientras “Mati”, como le llama Luis, le grita: “soy una princesa, tengo un vestido rosado”, al momento en que juega con un ula-ula.

Recuerda que en algún momento postuló para diputado por su distrito (Santiago sur), por ello fue a elecciones internas en la DC, “gané las internas, pero como era un gallo de población, no me dejaron ser diputado por mi distrito”.

Se considera un “enamorado de la doctrina social de la iglesia”, dice que es “lo que ha predicado siempre”, se toma una pausa y retoma: “hay días en que estoy cagao, no me puedo levantar de los dolores, pero me pongo a leer, a investigar, a ver la lucha social, a ver que la teología de la liberación sigue más vigente que nunca y me motivo. Me da energías para seguir viviendo, es una motivación para convencer a la gente joven, para darles un sentido social a sus vidas”.

Al servicio del periodismo

“Antes de ser periodista, fui profesor de una escuela rural en Melipilla. Me levantaba a las 5 de la mañana para llegar a hacer clases a las 8”, recuerda mientras juguetea con su bastón.

Al hablar del Colegio Metropolitano de Periodistas se reincorpora y dice: “hace falta gente que se crea el cuento, no puede ser que la UNIACC tenga mejores estudios, salas de radio y de edición que el Colegio de Periodistas. Lo que tenemos que lograr es atraer a los jóvenes, tener esas facilidades para que ellos hagan sus trabajos o proyectos es una buena estrategia para que se integren”.

Dentro del Colegio, Luis actualmente tiene el cargo de Consejero, sin embargo, llegó a ser Secretario General hace tres años, pero por problemas de salud, debió marginarse de dicho cargo. El abandono fue producto de una falla multi sistémica, por la cual fue desahuciado.

Actualmente está en su domicilio, “postrado hace un mes” a causa de una infección renal severa, “una tontera”, dice. Levanta su pantalón y agrega, “tengo aquí una infección viral, es como la retención de líquidos pero en el tobillo”, razón por la cual su actividad fuera de casa se ve disminuida, y por ende, en el Colegio también.

No obstante, Luis dice ser un hombre feliz, “viviendo mi tercer o cuarto tiempo, me imagino que me querrán para algo importante, por algo no me he muerto”, mientras ríe y juega con su bastón.

Dice que siempre trata de aportar lo que más pueda, ya sea desde el Colegio o como sea, y agrega: “ahora me cuesta caminar, me cuesta respirar, pero soy feliz igual”.

 

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