Nueva Constitución, la voz de los ancestros

De los elementos desatados de la tierra, como bien lo explica José Bengoa en Historia del Pueblo Mapuche, provienen estos hombres y mujeres invencibles. No olvidemos esto.

En este suelo habitan las estrellas.
En este cielo canta el agua
de la imaginación.
-Elicura Chihuailaf-

Por Patricio Olavarría*

Comprender que Elisa Loncon sea la presidenta de la Convención Constitucional, es darse el espacio para asimilar que hay una dimensión cultural, simbólica y política que es enorme. El solo hecho de iniciar su alocución en mapudungún el pasado 4 de julio ya es todo un movimiento que nos llama a escuchar una lengua de la que se ha renegado e incluso silenciado. Hoy más que nunca necesitamos comprender la dimensión espiritual que tiene este renacimiento para el país. No hacerlo sería negar absurdamente nuestra historia y, a su vez, dar más cabida a la confrontación y la intolerancia que solo pueden llevarnos a la ruina.

En la mitología del pueblo Mapuche, es decir, en esos tiempos antiguos y ancestrales se dice que hubo un gran diluvio. De la misma forma como lo relatan mitos babilónicos o de Mesoamérica. Sería así como los mapuches nacieron somo sobrevivientes de una catástrofe en donde todas las fuerzas de la naturaleza los puso a prueba. Se dice que hicieron un Guillatún para calmar las aguas, para luego desde el otro lado del Bío Bío bajar de un cerro y poblar la tierra.

De los elementos desatados de la tierra, como bien lo explica José Bengoa en Historia del Pueblo Mapuche, provienen estos hombres y mujeres invencibles. No olvidemos esto.

La Constitución Política que se redactará en Chile será un documento cultural en donde este nuevo paradigma al que nos enfrentamos se debe materializar en un cuerpo de ideas y leyes. Pero ya no con un discurso homogéneo, colonizador y blanco como nos han tratado de convencer. Porque Chile ni Argentina vienen de los barcos. Ese es un mito construido por la modernidad y una idea del progreso que comienza a quedar caduca y que morirá.

La nueva Constitución tendrá que reconocer a las naciones indígenas y las lenguas originarias como lo ha reconocido la propia UNESCO el año 2019. Es decir, abrirse, aprender y dialogar con un sistema de conocimiento que tiene valores éticos y es central para la supervivencia y la convivencia humana. ¿Cuántos de nosotros conocemos una lengua ancestral? Creo que muy pocos. En un Chile multicultural, el mapudungún debería incorporarse como materia de formación desde la educación básica y no como una mera formalidad. No olvidemos que tenemos un Premio Nacional de Literatura que es Mapuche, Elicura Chihuailaf, con cuyos versos doy inicio a esta breve columna.

Debemos tomar en cuenta que Elisa Loncón también hace mención a grupos que han sido excluidos. Su mensaje, que hace hincapié en la transformación de Chile, pone en el centro de la Convención la discriminación que han sufrido mujeres, niños y niñas y también las disidencias. Habla de los silenciados o excluidos. Aunque provoque incomodidad en los enclaves más conservadores, es obvio que la cultura patriarcal como la conocemos también tambalea.

Si no comprendemos que las formas de percibir la realidad por parte de la ciudadanía se transformaron, nos quedaremos congelados en un museo. Toda la expresividad del mundo social y el cuerpo político como espacio de resistencia y liberación, desde el 18 de octubre en adelante, han desplegado una energía que hoy tiene cauce institucional, pero no por ello deja de manifestarse y expresarse. Esto también es fundamental para comprender este proceso de cambio. Sin la voluntad y el vigor de los distintos pueblos de Chile no estaríamos discutiendo una nueva Carta Magna.

Pensemos por un momento que la nueva Constitución es un recipiente en donde se deben administrar las demandas de los pueblos. Es decir, toda esta energía que viene a ser lo cultural, lo social, lo político, artístico, marginal y lo mitológico incluso. Entonces, debemos cuidar que este recipiente no se desfonde o desgaste su fuerza que está dada por esta transformación.

Reconocer a la tierra como algo sagrado no es baladí. Muy por el contrario, es necesario y hoy muy urgente cuando la crisis medioambiental ya es un hecho dramático.

Cuando se habla de la madre tierra, estamos haciéndonos cargo de la fertilidad. Los pueblos del norte la llaman Pachamama y la veneran porque es hacedora de los cambios en la vida y otorga el nacimiento. Elisa Loncón tuvo un momento para honrar a su madre, “una madre que hizo que esta mujer pudiera estar acá”.

La voz de los ancestros.

*Consejero regional metropolitano. Encargado equipo de Cultura.

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